lunes, 22 de septiembre de 2025

Impacto de las tendencias en docentes, estudiantes y familias

 

La institucionalidad goza de roles que deben ser suplidos a cabalidad para lograr la calidad educativa, esto supone un matrimonio entre todos los miembros quienes caminan unidos hacia una misma meta. Sin embargo, dicha unión se ve afectada por las diversas situaciones y dificultades que se encuentran inmersas en el día a día en la sociedad. Así que avanzar, transformar e innovar los procesos educativos requieren un esfuerzo y disposición de las parten que componen a la comunidad educativa. 

Por ello, las nuevas tendencias educativas prometen modelos más flexibles, inclusivos y centrados en el estudiante, donde el aprendizaje deja de ser únicamente transmisivo para convertirse en un proceso activo y participativo. Se destacan enfoques como el aprendizaje basado en competencias, la incorporación de la tecnología y la inteligencia artificial en el aula, la personalización de los procesos formativos, la educación socioemocional y el fomento del pensamiento crítico y creativo. Además, busca responder a los retos de una sociedad cambiante y a las necesidades de los estudiantes del siglo XXI. 

Pero, dentro de los limitantes, la educación actual se enfrenta al desafío de adaptarse a una sociedad en constante cambio, marcada por la diversidad y el avance tecnológico. Esto demanda replantear el rol del docente y de las instituciones, que ya no pueden limitarse a transmitir saberes, sino que deben generar experiencias formativas innovadoras que conecten con la manera en que las nuevas generaciones aprenden y se relacionan con el conocimiento (Bernate, 2021, p.3). 

Dentro de los impactos de las nuevas tendencias educativas se destacan primordialmente el rol de los directivos docentes, que mediante la gestión educativas deben no solo estar a la vanguardia de los cambios sociales sino del cómo desde la institucionalidad se deben afrontar dichos cambios que permean de manera directa a la educación. Por ello, según Rodríguez, Ordóñez y López, 2020) considera que,
Es imperante comenzar a trabajar directamente en la gestión de los procesos educativos, ya que es allí donde se planifican los alcances e impacto de las necesidades educativas, por tal motivo, el liderazgo escolar cumple un papel preponderante en estas acciones de mejora continua en dichos procesos: “Destacando la optimización y ampliación de las infraestructuras, desarrollo de nuevos Programas Educativos, mayor implicación de las familias, mejoras organizativas en la planificación, trabajo en equipo, TIC, formación del profesorado, etc”. (citado por Bernate (2021)

Otro impacto notable que emerge de las nuevas tendencias educativas se encuentra el rol del docente, quienes enfrentan gran desafío de la educación del siglo XXI, pues estos deben promover un aprendizaje activo y participativo, orientado a que los estudiantes desarrollen competencias que les permitan integrarse a una sociedad que exige personas creativas y capaces de alcanzar su autorrealización. Por ello, Johnson y Johnson (2018), expresa que se necesita potenciar un enfoque innovador, con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), pero siempre en un ambiente cooperativo de trabajo de toda la comunidad educativa, donde el alumnado sea el que construye el conocimiento, involucrándose de forma significativa, cognitiva y emocionalmente (Como se cito en Rico Gómez y Ponce Gea, 2021). 

Pero esto implica en sí, un verdadero recto, pues conlleva a estar en constante actualización y búsqueda de estrategias que sean pertinentes no solo al contexto social donde se encuentra inmerso la institución educativa, sino que también respondan a la diversidad del aula. Lo que resulta menesteroso apoyar a Rico Gómez y Ponce Gea (2022) quienes expresan que,
En el marco de la escuela deseada, los docentes resultan piezas fundamentales. Sin su acción, no existe el aprendizaje ni la innovación, ni tampoco es posible un cambio verdadero en educación. Por lo tanto, cualquier transformación perseguida en el sistema educativo requiere que los profesores compartan las ideas en las que se basan, modifiquen sus prácticas y adapten los nuevos principios a las nuevas (o viejas) realidades.

Por otra parte, el rol del estudiante, frente a estos cambios educativos suponen mayor y mejor interacción social, desde la participación activa en la construcción de su propio conocimiento. Por ello, el estudiante por su parte, según (Salinas , 1997), 
debe ser consiente que es responsable de su aprendizaje, es autónomo en su proceso de aprendizaje; su deseo de aprender debe llevarlo a autoformarse, la capacidad de autogestión lo debe instar a buscar herramientas y estrategias de aprendizaje de acuerdo a su habilidad y a su estilo de aprendizaje; la actitud comunicativa es un hilo conductor para el trabajo en equipo, debe ser también, flexible para adaptarse a distintos escenarios educativos. (como se citó en Durán Chinchilla, et. al, 2021)
Sumado a ello, el estudiante, como protagonista de su propio aprendizaje, debe mostrar autonomía para identificar cuándo requiere apoyo docente y cuándo no, así como decidir qué contenidos desea aprender o desaprender. Asimismo, organiza, planifica y regula su proceso formativo, utilizando recursos tecnológicos según sus intereses y capacidades. Reconoce en las TIC no solo un medio de interacción social, sino también una herramienta clave para actualizarse, adquirir conocimientos, debatir, reflexionar críticamente y resolver problemas, manteniéndose en coherencia con las demandas sociales, laborales, políticas y económicas del mundo globalizado (Durán Chinchilla, et. al, 2021).

Por último pero no menos importante, La familia, considerada la base de la sociedad, cumple una función esencial en el desarrollo integral de los estudiantes, especialmente durante la educación básica media, etapa clave para la adquisición de valores, habilidades y conocimientos. No obstante, las condiciones familiares pueden influir de manera decisiva en el desempeño escolar, sobre todo en contextos de vulnerabilidad, lo que requiere mayor esfuerzo familiar y búsqueda de apoyo interinstitucionales. 

Alama Duarte y Obaco Soto (2024) en su articulo de investigación, analizan el impacto del acompañamiento familiar en el desempeño escolar, evidenciando que los estudiantes que cuentan con un apoyo académico y emocional constante por parte de sus familias muestran un mejor rendimiento académico. Por ello, se destaca la importancias del papel de la familia, la cual resulta indispensable para fortalecer el rendimiento académico de los estudiantes en el desarrollo y adaptación de las nuevas tendencias educativas, ya que su apoyo constante no solo facilita la adquisición de habilidades y valores, sino que también contribuye a superar las dificultades propias de contextos vulnerables, reafirmando la necesidad de un trabajo conjunto entre familia, escuela e instituciones de apoyo.

Referencias Bibliográficas 

Alama Duarte, G. J.  y Obaco Soto, E. E. (2024). La Familia y su Impacto en el Rendimiento Académico. Ciencia Latina, revista Multidisciplinar. México, 8(2) 4104-4118. DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i2.10823

Bernate, J.A. (2021) Tendencias en los sistemas educativos del siglo XXI. Sophia 17
(1), e1015. DOI: http://dx.doi.org/10.18634/sophiaj. 17v.1i.1015

Durán Chinchilla, C. M., García Quintero, C. L. y Rosado Gómez, A. A. (2021). El rol docente y estudiante en el era digital.  Revista Boletín REDIPE 10 (2): 287-294.  https://share.google/wNsgqsLLL1epDBtVM

Rico Gómez, M. L. y Ponce Gea, A. I. (2022). El docente del siglo XXI: Perspectivas según el rol formativo y profesional. Revista Mexicana de Investigación Educativa. 27(92), 77-101. https://www.redalyc.org/journal/140/14070424004/html/





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